Cómo preparar la llegada de un hermano
La llegada de un bebé es una alegría para los adultos, pero para el hijo que ya está en la familia también es un cambio enorme.
Prepararlo no significa conseguir que esté entusiasmado en todo momento. Significa ayudarle a entender qué cambiará, mantener su seguridad y dar espacio a sentimientos que pueden ser contradictorios.
Explica los cambios con naturalidad
Habla de lo que pasará de manera concreta y comprensible.
Habrá un bebé. Necesitará muchos cuidados. Habrá momentos en los que el adulto tendrá que atenderlo.
También habrá muchas cosas que seguirán igual.
No hace falta idealizarlo con «será tu mejor amigo». La relación se construirá con el tiempo.
Implícalo sin obligarlo
Puede ayudar a preparar algo, elegir un detalle o participar en algún cuidado si le apetece.
Pero no tiene que convertirse en responsable del bebé ni demostrar constantemente que es «el hermano mayor».
Protege algunos momentos suyos
Cuando llegue el bebé, busca pequeños ratos en los que siga siendo el centro de tu atención.
No hacen falta grandes planes. El mensaje es:
«La familia ha crecido, pero tú no has perdido tu lugar.»
Deja espacio para sentimientos difíciles
Puede querer al bebé y, al mismo tiempo, desear que desaparezca.
Puede mostrarse cariñoso un momento y enfadado al siguiente.
Evita culpabilizarlo por esos sentimientos. Si aparece una conducta que hace daño, ponle límite, pero no conviertas el sentimiento en una falta.
Evita comparaciones desde el principio
Cada hijo es diferente. Comparar quién dormía mejor, quién lloraba menos o quién era «más fácil» crea una escala que no ayuda a la relación.
Si aparecen regresiones, míralas dentro del cambio que está viviendo antes de convertirlas en una batalla.
Cuéntale a Kora cómo es ahora vuestra familia, cuándo llegará el bebé y qué habéis empezado a observar en vuestro hijo. Preparar la llegada también es preparar cómo los adultos repartiréis presencia y atención.
