Celos entre hermanos: ¿cómo los acompañamos?
Los celos pueden aparecer cuando un niño siente que tiene que proteger su lugar, la atención que recibe o la relación con sus padres.
Decirle «no tienes que estar celoso» no hace desaparecer ese sentimiento. El primer paso es poder reconocerlo sin culpabilizarlo.
Acepta el sentimiento, pon límite a la conducta
Puede estar celoso. Puede enfadarse. Puede desear tenerte solo para él.
Lo que no puede es hacer daño a su hermano.
Puedes sostener las dos cosas:
«Entiendo que ahora querrías estar a solas conmigo. No voy a dejar que pegues a tu hermano.»
Evita las comparaciones
Incluso las comparaciones que parecen motivadoras pueden reforzar la rivalidad:
«Mira qué bien come tu hermana.»
«Tú eres el responsable y él es el travieso.»
Cada hijo necesita sentir que es visto por sus propias cualidades, intereses y necesidades.
Busca momentos de exclusividad
No hace falta repartir cada minuto exactamente igual.
Sí puede ser importante que cada hijo tenga momentos en los que sienta que el adulto está con él, sin competir por la atención.
A veces son momentos pequeños: una conversación, un cuento, hacer un recado juntos.
No conviertas al hermano mayor en un pequeño adulto
Implicarlo puede ser bonito si quiere participar.
Pero cuidado con convertir «tú eres el mayor» en la obligación de ceder siempre, entenderlo todo o cuidar sistemáticamente al pequeño.
Él también sigue necesitando ser hijo.
Las regresiones pueden formar parte del cambio
Ante la llegada de un hermano u otros cambios familiares pueden reaparecer conductas que parecían superadas.
Antes de interpretarlas como una provocación, mira qué pueden estar expresando.
Evita negar los celos, culpar siempre al mismo hijo o crear privilegios que alimenten la rivalidad.
Cuéntale a Kora cuándo empezaron los celos, cómo se manifiestan y en qué momentos busca más vuestra atención. Eso ayuda a ver qué necesita cada uno sin convertirlos en competidores.
