Miedos, cambios y situaciones difíciles
Cómo ayudar a un niño con sus miedos
Decir «no tengas miedo» no suele hacer desaparecer el miedo.
El miedo es una emoción. Nuestro papel no es ridiculizarlo ni organizar toda la vida para evitarlo, sino ayudar al niño a sentirse acompañado mientras va adquiriendo recursos para afrontarlo.
Primero, reconócelo
Puedes decir:
«Veo que esto te da miedo.»
No hace falta confirmar que el peligro que imagina sea real. Estás reconociendo la emoción, no la interpretación.
Pregunta qué es exactamente lo que le da miedo
Una misma situación puede esconder miedos distintos.
El médico puede dar miedo por el dolor, por no saber qué va a pasar o por separarse del adulto.
Entender el miedo concreto ayuda más que ofrecer una tranquilidad genérica.
Evita los dos extremos
Forzarlo de golpe a enfrentarse a aquello que le da miedo puede desbordarlo.
Pero evitar sistemáticamente cualquier situación que le genere miedo también puede acabar reduciendo mucho su vida.
Busca pequeños pasos que pueda afrontar con apoyo.
Transmite calma
Los hijos también observan cómo reaccionamos nosotros.
Acompañar con serenidad, anticipar qué va a pasar y mostrar confianza puede dar seguridad sin prometer que nunca ocurrirá nada desagradable.
Celebra los pasos, no exijas valentía
No hace falta decir «ya era hora» cuando consigue hacer algo que antes le daba miedo.
Puedes preguntar:
«¿Cómo te has sentido cuando lo has conseguido?»
Esto pone el foco en su experiencia y en los recursos que está construyendo.
Cuándo pedir ayuda
Si el miedo interfiere claramente en la vida cotidiana, impide ir a la escuela o dormir durante un periodo prolongado, empeora, provoca un sufrimiento intenso o aparece después de una experiencia muy dura, conviene consultar a un profesional.
Cuéntale a Kora qué le da miedo, desde cuándo, qué hacéis cuando aparece y qué ha dejado de hacer por ese miedo. El contexto permite diferenciar un miedo que necesita acompañamiento cotidiano de una situación que necesita más ayuda.
