Tiene miedo a la oscuridad. ¿Cómo lo acompaño?
Decir «no hay nada» puede ser cierto, pero no siempre ayuda cuando tu hijo está sintiendo miedo de verdad.
El objetivo no es demostrarle que su miedo es absurdo. Es reconocerlo, transmitir seguridad y ayudarlo a construir recursos para poder dormir con más confianza.
Reconoce el miedo sin alimentarlo
Puedes decir:
«Veo que la oscuridad te da miedo. Estoy aquí.»
No hace falta buscar monstruos por toda la habitación ni confirmar que podría haber algo.
Reconoces la emoción, no el peligro imaginado.
Dale herramientas concretas
Podéis pensar juntos qué lo ayuda a sentirse seguro: un objeto de confianza, una luz tenue temporal o saber que volverás a comprobar cómo está.
Si dices que volverás, cúmplelo.
La confianza también se construye con esa previsibilidad.
Mantén la rutina
El miedo no necesita convertir cada noche en una rutina completamente nueva.
Mantén, en la medida de lo posible, la secuencia habitual: higiene, cuento, contacto, despedida.
Acompañar emocionalmente y sostener una estructura pueden ir de la mano.
Hablad de ello también de día
Por la noche es más difícil razonar.
En un momento tranquilo podéis hablar de qué imagina, qué le da miedo exactamente y qué podría hacer cuando aparezca esa sensación.
El objetivo es que vaya construyendo recursos propios, no solo que necesite oír «no pasa nada» una y otra vez.
No ridiculices ni fuerces
Evita «eso es de pequeños», apagarlo todo de golpe para que “se acostumbre” o convertir el miedo en una lucha.
Tampoco hace falta organizar toda la noche alrededor de evitar cualquier incomodidad.
Si el miedo es muy intenso, dura semanas, interfiere claramente con el sueño o también afecta a otros momentos del día, conviene valorar ayuda profesional.
Cuéntale a Kora qué dice que le da miedo, cómo es vuestro ritual de noche y qué pasa cuando intentas marcharte. La oscuridad puede ser el nombre de un miedo, pero no siempre es toda la explicación.
