Tiene una rabieta cuando apagamos la pantalla
Cuando cada final de pantalla acaba en gritos o negociaciones, el trabajo no empieza solo cuando ya toca apagar. Una parte importante ocurre antes: que el final sea previsible y que el límite pueda sostenerse sin entrar en una escalada.
Acordad el final antes de empezar
Si es posible, no decidas el límite cuando ya está inmerso en el juego o el vídeo. Explica antes qué va a pasar y utiliza una referencia clara.
Avisa de que se acerca el final
Las transiciones cuestan. Un aviso puede ayudar: «Quedan cinco minutos». Cuando llegue el momento: «Ya se ha acabado el tiempo de pantalla».
No hace falta abrir una nueva negociación cada vez.
Si se enfada, la emoción no anula el límite
Puedes decir: «Ya sé que querías más y te ha enfadado tener que apagar». Y mantener: «Por hoy ya hemos terminado».
Validar la frustración no significa volver a encender la pantalla.
No conviertas el final en una lucha de poder
Si él sube el volumen y tú también, la pantalla deja de ser el único problema. Habla poco y mantén el mensaje. Si hay una rabieta, primero calma; la conversación vendrá después.
Prepara qué viene después
Puede ayudar que la transición tenga una continuación clara: cenar, bañarse, salir o juego libre. No hace falta competir con la pantalla con una actividad espectacular.
Mira también vuestro ejemplo. Si pedimos que deje el dispositivo mientras nosotros seguimos mirando el móvil, el mensaje se complica.
Evita amenazar con límites que no cumplirás, negociar cada final desde cero o convertir la pantalla en moneda de cambio para cualquier conducta.
Cuéntale a Kora qué tipo de pantalla es, cuándo la usa, cómo avisáis del final y qué pasa después. La solución depende de cómo funciona ese momento en casa.
