Pantallas
Las pantallas forman parte de muchos hogares. La pregunta no es solo «¿cuánto tiempo?», sino qué lugar ocupan en la vida familiar, qué está viendo el niño y cómo sostenemos los adultos los criterios que hemos decidido.
Poner límites no exige convertir la tecnología en el enemigo.
Cuando apagarla acaba en conflicto
El final de una actividad muy atractiva es una transición. Anticiparla y sostener el final con calma puede ayudar.
Las normas funcionan mejor cuando existen antes del conflicto y no cambian cada vez que aumenta la protesta.
No todo es tiempo: también importa el contenido
Conocer qué mira o a qué juega, compartir algún rato y hacer fácil que pueda contarte algo que le ha incomodado forma parte del acompañamiento.
Los controles técnicos pueden ayudar, pero no sustituyen la conversación.
¿Y nosotros?
Los niños también observan el lugar que ocupa el móvil en la vida de los adultos.
No hace falta tener las mismas normas. Sí ayuda revisar si protegemos de verdad los momentos de presencia que decimos que son importantes.
Cuéntale a Kora cuándo aparecen las pantallas en casa y cuál es el conflicto concreto. Tiempo, contenido, final de uso y modelo adulto son problemas diferentes.
