Rabietas y emociones
Una rabieta, un golpe, una frase como «soy tonto» o una frustración que parece enorme pueden dejarte con la sensación de que tienes que detener esa conducta inmediatamente. Pero antes de buscar una técnica, ayuda preguntarse qué está pasando y qué necesita aprender tu hijo en ese momento.
Las emociones no son el problema. El reto es aprender a reconocerlas, expresarlas y regularlas sin hacerse daño ni hacer daño a los demás. Y eso no se aprende solo con explicaciones: los niños necesitan un adulto que pueda sostener el límite y, al mismo tiempo, ayudarles a poner palabras a lo que les pasa.
Si está desbordado ahora mismo
Cuando la intensidad es alta, no es el mejor momento para dar un sermón o exigir una reflexión. Primero hay que recuperar suficiente calma.
Validar no significa ceder. Puedes reconocer «estás muy enfadado» y mantener a la vez «no voy a dejar que pegues».
Si lo que le cuesta es tolerar que algo no salga
La frustración forma parte de aprender. Acompañar no significa evitarle cada dificultad ni resolverla antes de que pueda intentarlo.
Aquí importa separar el resultado de la persona: algo puede costarle sin convertirse en una definición de quién es.
Si quieres ayudarle a hablar de lo que siente
Escuchar antes de solucionar, ofrecer palabras sin imponerlas y hablar de emociones también cuando todo va bien ayuda a construir lenguaje emocional.
Una respuesta general puede orientarte. Si quieres entender por qué esta situación se repite con tu hijo, cuéntale a Kora qué pasa antes, durante y después.
