Cómo ayudarle a expresar lo que siente
Aprender a expresar las emociones no es aprender a estar siempre tranquilo. Es ir descubriendo qué me pasa, cómo puedo decirlo y qué puedo hacer con esto que siento.
Los adultos podemos ayudar poniendo palabras, escuchando y mostrando que de todas las emociones se puede hablar, aunque no todos los comportamientos sean aceptables.
Pon palabras sin decidir por él
Cuando ves qué está pasando, puedes ofrecer una hipótesis:
«Parece que te ha dado mucha rabia.»
«Quizá te ha dolido quedarte fuera.»
No hace falta acertar siempre. También puede responder: «No, no estoy triste.»
El objetivo es darle vocabulario, no decirle qué tiene que sentir.
Escucha antes de solucionar
Cuando empieza a explicarse, evita saltar inmediatamente a:
«Pues lo que tienes que hacer es...»
Puedes resumir lo que has entendido o preguntar:
«¿Y cómo te sentiste cuando pasó?»
Escuchar sin interrumpir ni juzgar crea espacio para que pueda seguir explicándose.
Emoción y conducta no son lo mismo
Puede estar enfadado. Puede sentir celos. Puede tener miedo.
Eso no significa que pueda pegar, insultar o hacer daño.
Puedes decir:
«Entiendo que estés muy enfadado. No voy a dejar que pegues.»
Reconocer la emoción y sostener el límite son dos partes de la misma respuesta.
Hablad también cuando todo va bien
No esperéis solo a las crisis.
Un cuento, una película, una cara que veis por la calle o una situación del día pueden servir para preguntar:
«¿Cómo crees que se siente?»
«¿Qué puede haberle pasado?»
Así el lenguaje emocional se practica fuera del desbordamiento.
Tú también eres un modelo
Poder decir «estoy frustrado y necesito un momento» muestra una manera de expresar una emoción sin convertirla en agresión.
No necesitas ser un modelo perfecto. Necesitas mostrar que las emociones se pueden reconocer y gestionar.
Evita ridiculizar lo que siente, obligarlo a explicarse cuando no está preparado o intentar cambiarle inmediatamente una emoción incómoda.
Cuéntale a Kora qué emoción le cuesta más expresar y qué suele hacer cuando aparece. Poner nombre a lo que siente es solo una parte; entender el patrón ayuda a encontrar cómo acompañarlo.
