Cómo ayudarle a gestionar la frustración
Perder, equivocarse, esperar o no conseguir algo a la primera forman parte de crecer. El objetivo no es que tu hijo no se frustre, sino que descubra que puede atravesar esa frustración sin que un adulto le resuelva siempre la dificultad.
No corras a solucionarlo
Cuando vemos que un hijo lo está pasando mal, es fácil adelantarnos: terminamos el puzle, hacemos por él aquello que no le sale o cambiamos las reglas para que no pierda.
Ayudar es importante, pero ayudar demasiado pronto puede quitarle la oportunidad de descubrir: «Me cuesta, pero puedo intentarlo.»
Quédate disponible sin hacer automáticamente el trabajo por él.
Pon palabras a lo que pasa
«Te da mucha rabia que no te salga.»
«Querías ganar y perder te ha enfadado.»
Reconocer la emoción no significa permitir que tire cosas, pegue o insulte. El límite sigue existiendo.
Dale tiempo antes de dar la solución
Pregunta: «¿Qué podrías probar ahora?» o «¿Quieres que te ayude un poco o vuelves a intentarlo tú?»
Acompañar no es abandonarlo. Es estar ahí sin sustituirlo.
Haz visible el esfuerzo
No celebres solo el resultado. También puedes decir: «Te ha costado y lo has vuelto a intentar.» Esto pone el foco en el proceso y la constancia.
Tus errores también educan. Decir «Me he equivocado; voy a volver a intentarlo» muestra una manera de relacionarse con la dificultad.
Si está muy desbordado, primero calma. La conversación sobre perseverancia vendrá después.
Evita ridiculizarlo porque “no sabe perder”, compararlo, solucionarle sistemáticamente todo lo que cuesta o exigirle que deje de estar frustrado enseguida.
Cuéntale a Kora en qué situaciones se frustra más y qué hacéis cuando ocurre. No todos los niños se desbordan por el mismo motivo.
