Me pega cuando se enfada. ¿Qué hago?
Que tu hijo esté enfadado no es el problema. Que te pegue es el límite. En ese momento no hace falta convencerlo de que no debería estar enfadado: hay que detener la conducta, protegeros y ayudarlo a recuperar la calma.
Puedes decir: «Estás muy enfadado. No voy a dejar que pegues.»
Detén el golpe sin convertirlo en una lucha
Si intenta pegarte, pegar a un hermano o hacerse daño, intervén. Apártate, separa a los niños o detén el movimiento con suavidad y firmeza. No hace falta gritar para que el límite quede claro.
El mensaje es doble: «Entiendo que estés enfadado» y «No puedes hacer daño.» Aceptar la emoción no significa aceptar cualquier comportamiento.
En plena explosión, habla poco
Evita interrogatorios y sermones. Primero ayúdalo a salir del desbordamiento. La conversación vendrá después.
Cuando esté tranquilo, mira qué había antes del golpe: frustración, un límite, una disputa, cansancio o dificultad para expresar lo que quería. Entenderlo no justifica el golpe; sirve para enseñar una alternativa.
Enséñale qué puede hacer
Puedes decir: «Estabas muy enfadado porque querías continuar. Pegar no. Puedes decir “estoy enfadado”, apartarte o venir a buscarme.»
Si ha hecho daño, ayúdalo a reparar cuando ya pueda entender qué ha pasado. Reparar puede ser consolar, ayudar o arreglar, no repetir un “perdón” mecánico.
¿Qué conviene evitar?
No le pegues para que “vea que hace daño”, no lo etiquetes como malo o agresivo y no lo avergüences. Tampoco dejes pasar la conducta porque “ya se le pasará”.
Si la agresividad es muy frecuente, va en aumento, provoca lesiones o sentís que vosotros también perdéis el control a menudo, conviene pedir ayuda profesional.
Cuéntale a Kora cuándo ocurre, qué suele pasar justo antes y cómo respondéis. El patrón concreto es lo que permite adaptar el acompañamiento.
