He gritado a mi hijo. ¿Cómo lo reparo?
Has gritado. Quizá incluso has dicho algo que ahora no te gusta recordar. Lo que ha ocurrido importa, pero lo que haces después también educa.
Ser un referente no significa no equivocarte nunca. También significa mostrar qué hace una persona cuando se da cuenta de que no ha actuado como quería.
Primero, recupera tú la calma
No intentes reparar mientras todavía estás enfadado. Primero cálmate. Después vuelve.
Di qué has hecho, sin excusas
No hace falta un discurso enorme.
«Antes te he gritado. Estaba muy enfadado, pero no debería habértelo dicho de esa manera. Lo siento.»
Evita convertirlo en «perdona, pero es que tú...». El niño puede haber hecho algo que no estaba bien y tú puedes haber reaccionado de una manera que tampoco quieres repetir.
Pedir perdón no te quita autoridad
«No debería haberte gritado. Y lo que te dije sigue siendo importante: no puedes pegar a tu hermano.»
Reparas la manera en que has actuado y mantienes la responsabilidad sobre lo que había ocurrido.
Reparar es más que decir «perdón»
Pregúntate: ¿qué haré diferente la próxima vez? Quizá necesitas dejar de dar instrucciones desde lejos, revisar las prisas o detenerte antes de responder. La reparación también consiste en intentar cambiar el patrón.
No necesitas que tu hijo te tranquilice
Evita convertir la conversación en «soy una madre horrible» o pedirle que alivie tu culpa. Tú puedes asumir lo que has hecho y repararlo sin cargarlo con la responsabilidad de hacerte sentir mejor.
¿Y si me vuelve a pasar?
Un episodio y un patrón no son lo mismo. Si los gritos son frecuentes, cada vez necesitas más intensidad, te cuesta mucho recuperar el control o tienes miedo de llegar a pegar, conviene buscar ayuda profesional.
Mira lo que ocurrió antes del grito
Kora puede ir un paso más allá de «¿cómo reparo el grito de hoy?» y ayudarte a explorar «¿por qué me está pasando tanto últimamente?». Cuéntale qué ocurría antes, cómo reaccionaste y si se repite.
